Esta breve obra quiere invitar al lector a una experiencia gratificante: descubrir por propia cuenta las doce fases de nuestro desarrollo personal. Este descubrimiento irá suscitando en él una serie de transfiguraciones, que lo llevarán a una alta cota de madurez ética. La formación ética no implica sólo la adquisición de una trama de conocimientos bien articulados; supone la puesta en forma de nuestras mejores posibilidades creativas. A través de una larga experiencia he llegado a ver con toda lucidez que la vía óptima para formarnos y formar a otros no consiste tanto en trasmitir contenidos cuanto en ayudar a descubrirlos. El que descubre algo valioso por su cuenta –aunque sea con ayuda externa– queda interiormente persuadido de su valor y bien dispuesto para asumirlo en su vida y comunicarlo a otros de forma convincente. Esta clave de orientación pedagógica se muestra sobremanera fecunda cuando queremos vislumbrar la grandeza que podemos adquirir si somos fieles a nuestra vocación más íntima.