Violent Stories

Páginas: 88
Idioma: Inglés
437 Kbs - PDF con ADOBE DRM
Lectura: Sí
Impresión/Copia: No / No
Disponible en ESTADOS UNIDOS:
Precio: 6,00 € 6,00 €

Breve descripción de Violent Stories

Written with passion and moral power, this book invites us neither to forget the past nor to repeat history. Impregnated with a stark realism based on individual and collective experience, it describes Dantesque dungeons and torture chambers, with one overriding intention: to rescue the anonymous voices of the victims and leave a record of one of the darkest chapters of Bolivia’s contemporary history. Without memory, there can be no historical imagination; without imagination, history must remain a sealed book. Emerging from this tension are the stories of Víctor Montoya. His men and women – and children – emerge from the limitless dark of mineshafts and the indescribable light of the thin-aired altiplano (high plateau); from its penetrating cold and stark, even frightening beauty. Sometimes abstractly rendered, the extremes of Bolivia’s natural environment pervade these tales, mirroring those of the characters’ social world. Driven to creation as an act of social communication, the author has forged a literature of critical consciousness, from The Chessboard of Death, which masterfully recreates the capture and murder of the Inca Atahuallpa, to Days and Nights of Anguish, which unveils the atrocities committed by Latin American dictatorships during the notorious Operation Condor, winning the National Story Price of the Oruro Technical University in 1984 and the acclaim of critics specializing in the field, who underlined that the author brought the theme of torture into 20th-century Bolivian literature.

Violent Stories obra de Víctor Montoya



Contenido de Violent Stories



Qué se dice de Violent Stories o Víctor Montoya

 

Víctor Montoya (La Paz, 1958) es un autor que a lo largo de su trayectoria ha sabido conjugar la estética de la denuncia y la parábola, desde un observatorio tan humano como incontestable. En sus cuentarios y novelas, Montoya advierte no sólo la inclemencia y el sabor amargo que habita en las bocas de los desposeídos, los hombres y mujeres de a pie, sino que también se convierte en la voz de una memoria, la voz de aquellos que, acallados y encapuchados por manos violentas, retornan a la vida para enseñarnos algo. Y es que los relatos de Víctor Montoya no solamente nos ubican en un pasado boliviano donde la intolerancia y las atrocidades imperan, donde la tortura es una herramienta para la subyugación y el escarnio, sino que desvelan condiciones humanas de carácter universal: el sufrimiento y la agonía y, claro, la ruina ante al fanatismo militar. Estos Cuentos violentos, y quizá en ello radique su vigencia y valoración, se convierten en una respuesta moral en busca de prevenir las políticas del olvido, tan manipuladas por las dictaduras y al mismo tiempo por las democracias que les suceden, y se convierten, asimismo, en un punto de partida para el cuestionamiento no solo de una sociedad del altiplano sino de la humanidad en conjunto. A lo largo de las páginas de Cuentos violentos, los personajes de Montoya –torturados, desaparecidos, muertos ante los fusiles de un pelotón– parecen recuperar un hálito que les fue quitado de golpe. Y es con ese mismo ímpetu que se presentan los cuentos de este libro, no para acallar a nadie, sino para iniciar un aprendizaje que se manifiesta como lo haría un parte aguas, con un antes, y un después. 17/01/2010 0:00:00
xxx

Los Andes –majestuosos, imponentes, bellos, acogedores– pueden ser también brutales para los que carecen de techo, calefacción, agua potable, comida suficiente, escuelas y médicos. Dura y violenta es la vida de los que laboran en los socavones, horadando las montañas para desposeerlas de su fortuna metálica. Para los mineros, todo depende del Tío, que es a la vez demonio y protector; para ellos, la violencia de la dinamita es tanto herramienta de trabajo como defensa de última instancia. Viven ellos la dualidad de la tierra y el infierno; poco saben del cielo, por cercano que parezca éste en las alturas andinas. Las dictaduras en Bolivia significaron un nivel adicional de violencia para los que ya la tenían en demasía: trajeron la represión, la cárcel, golpizas, torturas. A Víctor Montoya le tocó vivir de joven todo esto, culminando, en la lucha en defensa propia, en las mazmorras del régimen militar de Banzer; experiencias que se traducen a gritos en sus “Cuentos violentos”. Montoya pudo salir de Chonchocoro-Viacha por presión internacional, para luego refugiarse en Suecia, donde se dedica a escribir con visión penetrante sobre los mineros andinos, pero también sobre el arte en general, la vida, las luchas sociales y las tradiciones bolivianas. A su lista de títulos añade ahora esta traducción al inglés de su testimonio y denuncia. Montoya remonta su mirada histórica a la colonia que impuso un patrón de explotación que duraría por siglos. El tablero de la muerte narra el asesinato de Atahuallpa, pero no es él simple víctima. El juego de ajedrez que entabla con uno de los soldados de Pizarro se sigue jugando hoy, con resultados diferentes. Como podrá constatar Montoya en Suecia, el frío no impide que un país pueda alcanzar niveles superiores de vida. De la época colonial nos lleva el libro hasta los tiempos de la Operación Cóndor, la violencia asesina coordinada y planificada por los militares del Cono Sur. Estos cuentos, a veces, no son fáciles de leer. Expresan temas fuertes, peores por expresar realidades, no inventos literarios. Sintetizan la historia de una parte de Bolivia que bien conoce el narrador y que debe el mundo conocer mejor. 22/12/2009 0:00:00
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Víctor Montoya (La Paz, 1958) es un autor que a lo largo de su trayectoria ha sabido conjugar la estética de la denuncia y la parábola, desde un observatorio tan humano como incontestable. En sus cuentarios y novelas, Montoya advierte no sólo la inclemencia y el sabor amargo que habita en las bocas de los desposeídos, los hombres y mujeres de a pie, sino que también se convierte en la voz de una memoria, la voz de aquellos que, acallados y encapuchados por manos violentas, retornan a la vida para enseñarnos algo. Y es que los relatos de Víctor Montoya no solamente nos ubican en un pasado boliviano donde la intolerancia y las atrocidades imperan, donde la tortura es una herramienta para la subyugación y el escarnio, sino que desvelan condiciones humanas de carácter universal: el sufrimiento y la agonía y, claro, la ruina ante al fanatismo militar. Estos Cuentos violentos, y quizá en ello radique su vigencia y valoración, se convierten en una respuesta moral en busca de prevenir las políticas del olvido, tan manipuladas por las dictaduras y al mismo tiempo por las democracias que les suceden, y se convierten, asimismo, en un punto de partida para el cuestionamiento no solo de una sociedad del altiplano sino de la humanidad en conjunto. A lo largo de las páginas de Cuentos violentos, los personajes de Montoya –torturados, desaparecidos, muertos ante los fusiles de un pelotón– parecen recuperar un hálito que les fue quitado de golpe. Y es con ese mismo ímpetu que se presentan los cuentos de este libro, no para acallar a nadie, sino para iniciar un aprendizaje que se manifiesta como lo haría un parte aguas, con un antes, y un después. 17/01/2010 0:00:00
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Los Andes –majestuosos, imponentes, bellos, acogedores– pueden ser también brutales para los que carecen de techo, calefacción, agua potable, comida suficiente, escuelas y médicos. Dura y violenta es la vida de los que laboran en los socavones, horadando las montañas para desposeerlas de su fortuna metálica. Para los mineros, todo depende del Tío, que es a la vez demonio y protector; para ellos, la violencia de la dinamita es tanto herramienta de trabajo como defensa de última instancia. Viven ellos la dualidad de la tierra y el infierno; poco saben del cielo, por cercano que parezca éste en las alturas andinas. Las dictaduras en Bolivia significaron un nivel adicional de violencia para los que ya la tenían en demasía: trajeron la represión, la cárcel, golpizas, torturas. A Víctor Montoya le tocó vivir de joven todo esto, culminando, en la lucha en defensa propia, en las mazmorras del régimen militar de Banzer; experiencias que se traducen a gritos en sus “Cuentos violentos”. Montoya pudo salir de Chonchocoro-Viacha por presión internacional, para luego refugiarse en Suecia, donde se dedica a escribir con visión penetrante sobre los mineros andinos, pero también sobre el arte en general, la vida, las luchas sociales y las tradiciones bolivianas. A su lista de títulos añade ahora esta traducción al inglés de su testimonio y denuncia. Montoya remonta su mirada histórica a la colonia que impuso un patrón de explotación que duraría por siglos. El tablero de la muerte narra el asesinato de Atahuallpa, pero no es él simple víctima. El juego de ajedrez que entabla con uno de los soldados de Pizarro se sigue jugando hoy, con resultados diferentes. Como podrá constatar Montoya en Suecia, el frío no impide que un país pueda alcanzar niveles superiores de vida. De la época colonial nos lleva el libro hasta los tiempos de la Operación Cóndor, la violencia asesina coordinada y planificada por los militares del Cono Sur. Estos cuentos, a veces, no son fáciles de leer. Expresan temas fuertes, peores por expresar realidades, no inventos literarios. Sintetizan la historia de una parte de Bolivia que bien conoce el narrador y que debe el mundo conocer mejor. 22/12/2009 0:00:00
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