El residir de una noche cabalga bajo el cenit de un nuevo día: volteretas de puertas entreabiertas para el renacer del alba. Es la madrugada conquistando las ramas secas de la matizada luna risueña, ya desvaída. Es el entrante amanecer esbozando el descanso de ese plateado cuerpo en el confín del universo, donde el silencio se abre al crepúsculo, donde los arrítmicos sapos guardan su garganta a las a ciega de unos primeros rayos solares ...